Gusto que a Dios sabe

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En cualquier país respetuoso con su patrimonio cultural, la publicación de la edición crítica de los diecinueve sonetos que escribió sor Ana de la Trinidad (Dolor humano, pasión divina, Ed. Los aciertos, Logroño 2020) y la atribución definitiva de los mismos a su autora, hubieran sido un acontecimiento cultural de primer orden. Entre nosotros, pese a la extraordinaria calidad de los poemas, ha pasado poco menos que desapercibida. Ni siquiera el hecho de que estos preciosos sonetos los escribiera una mujer que tuvo una empeñosa vida, ha suscitado curiosidad o interés, seguramente porque se da la circunstancia inconveniente de que esta mujer era una monja del siglo XVI y, para más inri, mística, lo que choca por completo con el.

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