Decepción

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Las aulas permanecen vacías desde hace prácticamente un año. Tiempo suficiente para que las autoridades educativas, tanto del Gobierno que salió en agosto como el que tomó el mando, hubieran levantado un programa de revisión y reparación de aulas. Que haya planteles públicos sin agua no es culpa del virus, sino de la dejadez. Dinero hay para Educación.

Se veía venir que la vuelta a la educación presencial (segura, voluntaria, gradual) se pospondría hasta después de Semana Santa, pero las palabras de las autoridades dejan entrever que no se hará hasta el próximo curso escolar.

El retraso en el aprendizaje para los alumnos dominicanos va a ser, de acuerdo con los profesionales del sector, de casi dos años. Un lujo que el país no puede permitirse.

Parece que hay decisiones que se están tomando con más intención política que educativa, con más acento gremial que sanitario. Son los sectores vulnerables los que más se verán afectados por este cierre, y se ensanchará la brecha social. El énfasis parece estar más en permanecer cerrados que en buscar las vías para abrir las aulas.

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