El COVID-19 se cobra más de un millón de vidas en América Latina y el Caribe

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El coronavirus se cobró más de un millón de vidas en América Latina y el Caribe, donde la vacunación avanza a un paso demasiado lento para frenar la pandemia, a diferencia de lugares como Estados Unidos y Europa, que ya vislumbran una salida a la crisis.

Desde que el letal virus apareció en la región el 26 de febrero de 2020 en Sao Paulo hasta este viernes, se contabilizaron 1,001,404 muertos y 31,586,075 contagios, según un recuento de la AFP a las 21H05 GMT.

Casi el 90 % de las muertes registradas se distribuyen entre cinco países que representan el 70 % de su población: Brasil (446,309 muertes), México (221,080), Colombia (83,719), Argentina (73,391) y Perú (67,253).

La directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa Etienne, calificó el millón de muertos como “un hito trágico para todos los habitantes de la región”.

“Esta pandemia está lejos de haber terminado, y está golpeando duramente a América Latina, afectando nuestra salud, economías y sociedades enteras. Sin embargo, sólo un 3 % de nuestras poblaciones se ha vacunado”, denunció la funcionaria, instando a los países con dosis sobrantes a donar “una parte importante” a las Américas, donde “se necesitan desesperadamente y se utilizarán con prontitud”.

“En este momento, la situación es terrible. Nunca habíamos tenido algo así en nuestro país”, dijo a la AFP Jacil Farias, un jubilado de 82 años en Sao Paulo, al describir la situación en Brasil, el segundo país más enlutado por la pandemia en todo el mundo y que cuenta con el mayor índice de mortalidad del continente.

Aunque la cifra de fallecidos diarios ha disminuido en más de un tercio en seis semanas -después de haber superado las 3,000 muertes en la primera quincena de abril-, Brasil sigue luchando contra el virus, en momentos en que el líder ultraderechista Jair Bolsonaro es investigado por su manejo de la crisis sanitaria.

“Nuestro país es bueno, pero nuestros líderes son débiles”, lamentó Farias.

México, el segundo país más afectado del continente, ha experimentado un descenso aún más acusado del virus en los últimos meses, ya que actualmente se producen 230 muertes al día frente a las más de 1.300 de finales de enero.

Señal de esa mejora, las aulas volverán a abrir en Ciudad de México a partir del 7 de junio, 14 meses después de que los estudiantes fueran enviados a casa. Otros dos estados mexicanos, que suman varias semanas de bajas en los contagios, ya abrieron sus puertas, y otros cuatro lo harán antes de que concluya mayo.

La situación es opuesta en Colombia, donde las cifras alcanzan niveles sin precedentes, con 490 muertes diarias y donde las manifestaciones masivas contra el gobierno no pierden fuerza en las calles. Al igual que en otros países de la región, el virus exacerbó la pobreza, la desigualdad y la violencia.

En Argentina, que el jueves registró 35.884 nuevos contagios y 435 muertes, el gobierno de Alberto Fernández impuso un confinamiento total por nueve días debido a que el país “atraviesa el peor momento de la pandemia”.

“La gente no se cuida, ninguno nos cuidamos y queremos salir y viajamos”, aseguró a la AFP Alicia Sepúlveda, residente de Buenos Aires.

Su vecino Uruguay, que se erigió durante la mayor parte de 2020 como un modelo en la gestión de la pandemia, llegó en abril a su peor momento, y ahora parece estabilizarse en una meseta aún muy alta.

En los últimos catorce días, murieron 20.73 personas cada día en promedio, la cifra de muertos per cápita más alta del mundo, por delante de Argentina (14.16) y Colombia (13.22), según un balance de la AFP.

“Hasta que los muertos no sean tus muertos, hasta que no te pase en tu familia, es difícil” que el virus sea visto como una amenaza real, aseguró a la AFP Carla Romero, auxiliar de Enfermería en un centro de terapia intensiva en Montevideo.

Una lucha desigual

Mientras Estados Unidos retoma poco a poco la normalidad y los europeos levantan cada vez más restricciones gracias a sus campañas de inmunización, América Latina sólo ha vacunado completamente al 3% de sus habitantes, según la OPS.

El acceso a la vacuna y al material necesario para luchar contra la pandemia refleja la brecha económica entre regiones y determinará cómo y cuándo saldrán los países de la crisis.

En ese contexto, América Latina tiene motivos de preocupación, ya que apenas un 4 % de los productos médicos usados para responder al COVID-19 provienen de la región, lo cual explica la escasez de equipos de protección personal, oxígeno, medicamentos y vacunas en los países latinoamericanos, alertó la OPS.

En países como Argentina y Brasil, la vacunación, y con ella la esperanza de dejar atrás lo peor de la epidemia, avanza lentamente.

Otros, como los chilenos y los uruguayos, sí han logrado un alto ritmo de inmunizaciones, similar al de los países más ricos.

A su paso por la región, el virus no sólo sembró la muerte, mostrando las deficiencias de los sistemas sanitarios locales, con hospitales desbordados y escasez de material, sino que también golpeó con fuerza unas economías frágiles y marcadas por las desigualdades.

Ningún país se ha librado de los embates de la crisis económica provocada por el coronavirus.

Incluso Chile, antes considerada una de las economías más prósperas de la región, sufrió en 2020 una contracción económica del 5.8 %, su peor registro en 40 años. Más de un millón de personas perdieron el empleo, una situación que en casos extremos llevó a muchos a instalarse en campamentos, una de las caras más visibles de la pobreza.

“Lo más difícil ha sido el hambre”, dijo a la AFP Ingrid Lara en uno de esos campamentos de Santiago.

Desde que se descubrió el virus en diciembre de 2019 en China, América Latina y el Caribe es la segunda región del mundo con más muertes, por detrás de Europa (1,119,433 muertes) y por delante de Estados Unidos y Canadá (614,248 muertes).

El millón de muertes en la región representa algo menos del 30 % de los 3.4 millones de muertes registradas oficialmente por COVID-19 en todo el mundo.

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