La lotería

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El último escándalo de la Lotería es eso, el último. Una institución nacida con unos objetivos encomiables se ha convertido en un dudoso negocio que no beneficia precisamente al Estado.

La relación entre la Lotería y las loterías, el negocio detrás de los juegos de azar, la notable presencia en las cámaras legislativas de empresarios del sector… todo lleva a pensar en un complicado entramado que deshacer.

Las primeras decisiones de la actual y provisional administración parecen acertadas. La relación entre las bancas privadas, que se reproducen por el país en una proporción extraordinaria, y la institución del Estado nunca ha parecido muy natural. No tiene sentido que el estado corra con los gastos de sorteos de loterías privadas.

Las bancas necesitan una fiscalización y supervisión mayor de la que tienen.

Las decisiones tomadas en estos días están dirigidas a defender el dinero del contribuyente, a terminar con un clientelismo político que puede tener réditos electorales pero que mina la credibilidad de una intención genuina de transformar la parte más obsoleta de la Administración.

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